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Exposición de Abraham Lacalle en VETA Galería

En la exposición de Abraham Lacalle en VETA Galería, el paisaje deja de ser un territorio descriptivo para convertirse en un campo de tensión: un espacio donde el color no acompaña, sino que interrumpe, donde la naturaleza no se contempla, sino que se reescribe.


Lacalle trabaja el paisaje como quien atraviesa una memoria en combustión: capas de pigmento que se superponen con una energía casi física, construyendo escenas que parecen reconocibles y, sin embargo, se resisten a cualquier lectura estable. La vegetación se vuelve signo, ritmo, fragmento; los árboles actúan como columnas cromáticas que sostienen una arquitectura emocional, más cercana al impulso interno que a la representación externa.


Aquí, el color es inconformista porque no busca armonía: busca verdad. Una verdad pictórica que se articula desde la libertad, desde el gesto, desde una pulsión que no se domestica. La obra propone un misterio de raíz romántica —sí—, pero sin nostalgia: un romanticismo contemporáneo, directo, vital, donde lo enigmático no es evasión, sino profundidad.


Lo más singular es que Lacalle consigue algo poco frecuente hoy: reinventarse sin perder identidad. Su pintura cambia sin traicionarse; se desplaza sin diluirse. Hay coherencia sin repetición, lenguaje propio sin fórmula. Y en ese equilibrio raro —entre riesgo y precisión— su obra reafirma una idea esencial: que la pintura todavía puede ser un lugar donde lo visible se transforma, donde el mundo no se ilustra, sino que se piensa a través del color.




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Antoñita Jiménez, 31, 28019 Madrid, Spain+34 911 17 70 67

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